Estamos acostumbrados a convivir con los malos olores como si fueran una simple incomodidad: algo desagradable que dura un momento y se olvida. Pero cuando el olor deja de ser puntual y se vuelve constante, la historia cambia. Deja de ser una molestia para convertirse en un problema de salud, de convivencia y, cada vez más, de reputación empresarial. Y no se resuelve con un ambientador.
Lo tratamos en profundidad en una charla del ciclo Conversaciones de Club Cámara, en la Cámara de Comercio de Zaragoza, junto a José Ángel Aldeano, ingeniero químico de Kimu Soluciones Ecológicas. Desde ST Superficies distribuimos en Aragón la tecnología Biotis, con 30 años de recorrido en Europa en neutralización de olores. La conclusión de fondo es sencilla: el mal olor ya no es solo un incordio, es un indicador de la calidad del aire.
Por qué el mal olor es mucho más que una molestia
Un olor puntual cualquiera lo tolera; sabemos que se irá. El problema aparece cuando es continuo. Entonces se documentan efectos reales sobre las personas: estrés, ansiedad y alteraciones del sueño. Hay casos extremos de vecinos que han terminado abandonando su vivienda y de trabajadores que han dejado su empleo porque no podían soportar el ambiente de su puesto.
A esto se suma la memoria olfativa: asociamos, casi sin darnos cuenta, un lugar a un olor, para lo bueno y para lo malo. Un negocio, un municipio o un polígono pueden quedar marcados por un mal olor persistente. Por eso conviene entenderlo bien: el olor es un síntoma de la calidad del aire y del bienestar de un entorno.
Un problema que crece: ciudades e industria cada vez más cerca
Cada vez hay más sensibilidad social hacia estos temas. La ciudadanía exige más calidad ambiental y, al mismo tiempo, las ciudades crecen: instalaciones que antes estaban aisladas hoy conviven con los núcleos urbanos. El resultado es previsible: más quejas, más reclamaciones y más tensión con el vecindario.
Las actividades que más reclamaciones generan son bastante identificables: ganadería intensiva, industria alimentaria y conserveras, depuradoras de aguas, vertederos, plantas de compostaje y de tratamiento de residuos, redes de saneamiento o industria papelera. En definitiva, cualquier proceso que genere gases capaces de provocar olor.
¿Qué dice la ley sobre los olores en España?
Este es uno de los puntos clave para cualquier empresa. En España no existe todavía una ley específica que regule los olores. Se aplican de forma indirecta normas como la Ley 34/2007 de calidad del aire —en la que ni siquiera aparece la palabra «olor»— o la Ley 16/2002 de prevención y control integrados de la contaminación, la del conocido principio de «quien contamina, paga».
A falta de norma estatal clara, la exigencia queda en manos de cada comunidad autónoma y de las ordenanzas municipales, con criterios que varían por territorio. Europa ya va por delante, con legislaciones basadas en mediciones y tratamientos concretos. La lectura es sencilla: la normativa española acabará endureciéndose, probablemente antes de lo que pensamos. Anticiparse no es lo mismo que actuar con la regulación ya encima.
Cómo se mide un mal olor
Que no haya una ley única no significa que el olor no pueda medirse con rigor. La referencia homologada es la olfatometría dinámica (norma UNE-EN 13725), que cuantifica las unidades de olor. Se toma una muestra del olor y se mezcla con aire limpio mientras un panel de personas entrenadas evalúa, a través de un laboratorio acreditado por ENAC, en qué punto se deja de percibir.
Como referencia orientativa, a partir de 3 unidades de olor empieza a haber molestia y en torno a 5 ya se considera grave. Existe también la medición por ppm (partes por millón) para un gas concreto como el sulfhídrico, aunque como el mal olor suele ser una mezcla de gases, las unidades de olor ofrecen la lectura más fiable. Este rigor es clave cuando hay que documentar la situación ante la administración o justificar una ayuda: medir antes y medir después.
Neutralizar, no enmascarar: en qué se basa la tecnología Biotis
En el mercado abundan los productos que se limitan a tapar el mal olor con un aroma más fuerte. Eso no es una solución, es un parche. La tecnología Biotis parte de otra idea: mediante una reacción físico-química transforma las moléculas responsables del mal olor en moléculas que ya no huelen. No se disimula el problema; se elimina en su origen. Y no hay una única fórmula, porque no hay dos focos iguales: cada caso se estudia de forma personalizada.
Placas de gel
Liberan activos que neutralizan el olor durante una media de unos tres meses. Se usan en contenedores de basura, alcantarillas e imbornales, recogida neumática e incluso en desagües de habitaciones de hotel o en la ventilación de trenes. No hay que retirarlas para limpiar: si se mojan dejan de actuar temporalmente y vuelven a funcionar al secarse.
Vapor seco a base de aceite
A diferencia de la pulverización con productos de base agua —que caen por gravedad—, el vapor mantiene el reactivo en el aire mucho más tiempo, reaccionando con las partículas malolientes con muy poca cantidad de producto. Ideal para vertederos, plantas de residuos o industrias con la emisión canalizada.
Productos de superficie para el agua
Crean una capa sobre las balsas de decantación de depuradoras o sobre purines y lodos, evitando que los gases se liberen al ambiente.
Soluciones por sector
Ciudades y municipios
La implantación del contenedor de materia orgánica ha multiplicado los focos de olor, sobre todo en verano. Frente a la práctica habitual de retirar el contenedor, limpiarlo y devolverlo —con su coste—, una placa de gel neutraliza el olor durante meses. Las alcantarillas e imbornales se tratan del mismo modo.
Ganadería e industria alimentaria
El foco suele estar en purines, lodos, subproductos animales o aguas de proceso. Existen soluciones que se aplican incluso en presencia de animales sin resultar perjudiciales, tratando el problema de raíz en las propias balsas.
Industria
Cuando la salida del olor está canalizada, el tratamiento es más sencillo: el producto se introduce directamente en la conducción o chimenea y el aire sale ya tratado.
Aragón, con potencial para ser referente
Aragón reúne una combinación difícil de igualar: una gran potencia agroalimentaria y ganadera y una administración comprometida con la sostenibilidad. Es el escenario ideal para demostrar que la actividad económica y la calidad ambiental pueden convivir. La tecnología existe y está madura; lo que falta es dar el paso. Con proyectos de envergadura en marcha, como las plantas de biogás, la desodorización tiene aquí un papel estratégico.
Cómo trabajamos en ST Superficies
No nos consideramos vendedores de producto, sino técnicos preocupados por resolver el problema. Empezamos siempre escuchando: una primera reunión con los responsables, la localización exacta del foco y un estudio de ingeniería para proponer la solución adecuada. En muchos casos hacemos una pequeña demostración in situ —apagar y encender el equipo y notar la diferencia con la propia nariz suele ser la prueba más convincente. A partir de ahí, dos fórmulas:
- Servicio llave en mano, del que nos encargamos por completo: instalación, mantenimiento, equipo y suministro del producto.
- Equipo + consumible, para el cliente que prefiere gestionar la aplicación por su cuenta.
En ambos casos, con mediciones documentadas a través de laboratorios acreditados cuando el cliente o la administración lo requieren.
Preguntas frecuentes sobre el tratamiento de malos olores
¿El mal olor es solo una molestia o puede afectar a la salud?
Un olor puntual es tolerable, pero un olor constante puede provocar estrés, ansiedad y alteraciones del sueño. Se han dado casos de personas que abandonan su vivienda o su puesto de trabajo por no poder soportarlo. Por eso se considera un indicador del bienestar de un entorno, no solo una incomodidad.
¿Existe una ley de olores en España?
No hay una ley estatal específica de olores. Se aplican de forma indirecta la Ley 34/2007 de calidad del aire y la Ley 16/2002 de prevención y control de la contaminación, además de ordenanzas municipales que varían según el territorio. Europa ya cuenta con normativa más concreta, y se espera que España avance en esa dirección.
¿Cómo se mide un mal olor de forma objetiva?
Con la olfatometría dinámica (norma UNE-EN 13725), que mide «unidades de olor» mediante un panel de personas entrenadas y un laboratorio acreditado por ENAC. A partir de 3 unidades de olor empieza la molestia y en torno a 5 se considera grave. También puede medirse un gas concreto en ppm.
¿Neutralizar un olor es lo mismo que enmascararlo?
No. Enmascarar consiste en tapar el mal olor con un aroma más intenso; el problema sigue ahí. Neutralizar, como hace la tecnología Biotis, transforma mediante una reacción físico-química las moléculas del mal olor en moléculas que ya no huelen, eliminándolo en origen.
¿Cuánto dura una placa de gel en un contenedor o alcantarilla?
De media, unos tres meses por placa. No es necesario retirarla para limpiar: si se moja deja de liberar activos temporalmente y vuelve a funcionar al secarse. Además, se ha observado un efecto repelente frente a insectos en los contenedores tratados.
¿Se puede tratar un espacio abierto?
Es más complejo, porque en exterior no se controla hacia dónde se dispersa el aire. Cuando el foco está bien localizado sí puede actuarse, con productos líquidos aplicados sobre la superficie que genera el olor. En cada caso hay que estudiar previamente el emplazamiento.
¿Tienes un foco de mal olor que resolver?
En ST Superficies estudiamos tu caso y te proponemos una solución a medida, con asesoramiento técnico sin compromiso. Contacta con nuestro equipo.


